El potro inédito

Este 24 de mayo, el cantante cumpliría 28 años. GENTE le muestra cómo fue la celebración privada de la noche en que festejó los 27, un mes antes de su muerte. Aquella madrugada, la cámara de un solo fotógrafo retrató toda la intimidad del momento en una disco de Olivos.

Jugaba, saltaba y reía como un nene, sin pensar que ese sería su último cumpleaños. Ni siquiera se le cruzaba por la cabeza pensar en la muerte. “Si en ese momento me decías que Rodrigo nunca más iba a volver a soplar las velitas, te trataba de loco. Cómo iba a pensar que las mías iban a ser las últimas imágenes de un festejo tan especial…“, explica hoy sorprendi
do Mauro Fonseca, que tuvo el privilegio de retratar al ídolo en el final de la fiesta, cuando ya ningún otro fotógrafo estaba presente.

El no podía despegar su ojo de la cámara mientras Rodrigo se animaba a cantar temas de los Rolling Stones con una peluca dorada sobre su cabeza y repetía: “Este cumpleaños no lo termino de festejar nunca“. El 24 de mayo cumplía los 27 y seis días después Sunset, un clásico boliche de Olivos, cerró exclusivamente para él. Cerca de las once de la noche, el lugar estaba repleto.

 Unos doscientos invitados esperaban impacientes la llegada del ídolo cordobés. Esa noche, El Potro estaba exultante y gozaba del mejor momento de su carrera. Aunque estaba feliz y relajado, se le caía una que otra lágrima cuando veía a sus amigos y familiares. Luego corría y besaba a su madre, Beatriz Olave, acariciaba a su novia, Alejandra Romero, agradecía al RRPP Fernando Maldonado, y chocaba las manos con su manager, al que siempre consideró como un padre, José Lui
s Gozalo.

Cada invitado, al llegar era recibido con canapés y una copa de champagne. “A estos negros tendría que invitarlos con cerveza, no con champú“, bromeaba el cuartetero junto a sus mejores y fieles compinches.Al final de la noche, cuando Rodrigo se disfrazó con una peluca dorada y cantó cuarteto para los 200 invitados que estuvieron esa noche en el boliche Sunset de Olivos.

Al final de la noche, cuando Rodrigo se disfrazó con una peluca dorada y cantó cuarteto para los 200 invitados que estuvieron esa noche en el boliche Sunset de Olivos.

Esa noche, Rodrigo invitó a su amigo Mariano Iudica, del programa Venite con Georgina, a tocar la batería. Cantó, rió y se divirtió como nunca. Estaba tan feliz que hasta interpretó algún tema de los Rolling Stones y en el final cerró bailando cuarteto con su madre, Beatriz Olave.

Esa noche, Rodrigo invitó a su amigo Mariano Iudica, del programa Venite con Georgina, a tocar la batería. Cantó, rió y se divirtió como nunca. Estaba tan feliz que hasta interpretó algún tema de los Rolling Stones y en el final cerró bailando cuarteto con su madre, Beatriz Olave.

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