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“Soy mucho más zafada de lo que se imaginan”

Tiene 28 años y ya se consagró como una actriz de cine. Es sexy, osada, atrevida. Su belleza no es perfecta, tampoco sus medidas, pero sabe bien cómo seducir. Ahora, en tevé, como abogada en 22 El loco, dice que, por primera vez, se siente popular. En su mejor momento, Leticia se desnuda en cuerpo y alma. Tómela o déjela.

¿Qué decir de ella? Es una chica extraña a la que le pasan cosas extrañas. Por ejemplo, es sexy sin proponérselo. Quizás, hasta haciendo todos los esfuerzos para no serlo. Ama la comida, rechaza las cirugías y hace gym sólo por placer. También su carrera es extraña: a diferencia de la mayoría de las actrices, pisó fuerte en el cin e antes que en la tevé, y recién ahora, con diez años en la profesión, conoce la popularidad del día a día gracias al éxito de 22 El loco. Cosa extraña también es el objeto que, según ella, mejor la define: un pañuelo árabe. Cuenta que con él, en la intimidad de su casa, ensaya la danza del vientre frente a un espejo. Y entonces, Leticia Bredice se encuentra con la imagen que más gusta de ella: la bomba latina, la chica sexy y descarada, la que seduce sin pudor, una suerte de Madonna argentina.

Llega treinta minutos tarde, con el pelo suelto y sin maquillaje. Enseguida se nota que Bredice no es una mujer fácil. Que para descubrirla tal vez haya que ir por partes…

LETICIA, MUJER. No tiene altura ni medidas de top model. Sin embargo, la mayoría de los hombres (también las mujeres) coinciden: es sexy por donde se la mire. Rubia, ojos celestes, atrevidos, inteligentes… No es poco.

-¿Cómo amaneciste?
-A las ocho, con mucho calor, calor, calor. Odio el calor, me baja la presión, me hace sentir molesta. Y también amanecí con un fuerte dolor de cabeza.

-¿Por el calor?
-No. Por todo lo que comí el fin de semana.

-¿Relajás, esos días, con la comida?
-Yo relajo siempre con la comida. Pero ayer fue terrible: Pollo con puré de papas, helado, torta… ¡No tengo derecho!

-¿Entonces, en qué te cuidás?
-No me cuido mucho, no te creas. Sé que el tema del cuerpo para la mujer es un rollo. Por suerte, yo lo llevo bien. Voy al gimnasio, pero porque me gusta. Me erotizan los brazos marcados, las piernas marcadas. Cuando veo una mujer que está marcada, digo: ¡Uy, qué lindo! En cambio, las flacuchas me producen el efecto contrario, me dan lástima. Yo odio adelgazar. Cuando bajo de peso, me pongo huesuda, no linda. ¡Ah, qué feo queda! No por nada los retratos más famosos y ratoneros son los de esas mujeres desnudas, con lolas, panza, cola, celulitis, ¡de todo tenían!

-Pero hoy el prototipo de la mujer sexy es todo lo contrario: Prandi, Pampita…
-Sí, y son divinas. Pero también creo que no hay que tener 90-60-90 para ser sexy. La sensualidad pasa por otro lado: por la actitud, por la seguridad en uno mismo.

-¿Y la opinión masculina te importa?
-El hombre es muy cambiante. Un día te dice: “Odio a las flacas“, y a la noche siguiente lo encontrás de novio con un espárrago. O te mandan al gimnasio, te piden que te pongas divina, tetona y al mes te dejan. Por eso creo que el mejor criterio lo tiene uno cuando se para frente a un espejo.

-¿Te pasó eso?
-¿Lo de los hombres?… Hablo por lo que veo.

LETICIA, PRIVADA.
Sus parejas, sus amores, son un tema prohibido. Se sabe que estuvo cuatro años de novia e incluso llegó a convivir con el actor Germán Palacios. Al año de esa separación, llegó otro hombre: Pablo Bossi, productor de Patagonik Film Group, quince años mayor que ella y ex amante de Madonna. “Hace cinco años que estamos juntos, pero por ahora nada de convivencia ni hijos. Después se verá”, es todo lo que cuenta hoy ella. Sin embargo, hay una anécdota de su vida pública -y que no deja de ser privada- tan simpática como rara: su primera vez. “El cine es muy fuerte para mí, me marcó mucho en todo. Yo no había tenido sexo con ningún chico todavía, mi primera escena de amor fue en el cine“, revela.

-¿La gente de la producción lo sabía?
-No, nadie. Ellos sólo esperaban a que cumpliera los 18 para empezar a filmar, porque todavía era menor de edad.

-Bredice, ¿virgen a los 18?
-Sí. Estaba grandecita ya, ¿no? Pero fue así, debuté primero en el cine y después en la vida. Juan Cruz Bordeu, que era mi pareja de ficción, ya tenía mucha cancha en las escenas de sexo y me decía: “Bueno, vení, vos te tirás arriba mío, yo te agarro por acá y….”. ¡Y yo me quería morir de vergüenza! Pensaba, ¡Dios mío si este chico supiera! Me acuerdo que su mamá, Graciela Borges, me dio un consejo buenísimo para todas las actrices: “No metas panza, porque uno en la vida, cuando está enamorado, se relaja y ama, no anda escondiendo los defectos”. Por lo tanto, tenía un problema menos.

-En el amor, ¿ganaste, perdiste o empataste?
-El amor es una pelea de todos los días, creo que las tres cosas sirven. Si no estás enamorado, no sirve nada. Yo todo lo que hago se lo dedico a alguien.

-¿Descubriste ya qué es el hombre?
-¡No lo sé! (Risas). Algunos no sirven para nada, y otros son maravillosos. Cuando amo, amo profundamente y trato de aprender. El hombre enseña. Yo los analizo y les veo tantas desventajas: no se permiten llorar, no pueden tener hijos, y debe ser terrible vivir toda una vida ¡sin poder ponerte tacos o maquillaje! Pero son necesarios, ¿o no?

LETICIA, ACTRIZ. Bredice es una chica extraña, como decíamos. Ella, a diferencia de la mayoría de las actrices, pisó fuerte en el cine antes que en la televisión. Recién ahora, con diez años de carrera, se enfrenta cara a cara con ese fenómeno llamado popularidad. “Es muy loco. El cine te puede dar prestigio, pero cuando salís a la calle sos uno más. Llevaba cinco años sin hacer televisión y cuando los primeros capítulos de 22 El loco salieron al aire, me encontré de golpe con esa especie de fama. La semana pasada, en la serie, se murió mi papá, y un tipo me dijo: “Cuando murió mi viejo, yo lloré igual que vos”. Me mató. O te avisan: “Vos no te das cuenta, pero Darío es muy malo”. O por ahí te pasan cosas más divertidas, como que te griten: “¡Yo también soy chueco!”. Es como raro, me sorprende, me emociona, cuenta.

-Si tuvieras que armar un video con las mejores escenas de tu carrera, ¿cuáles pondrías?
-¡Uy!… A ver, dejame pensar: pondría la escena de La Peste en la que nunca aparecí; la de Uno más uno, donde hablaba con mi mamá y le decía que nunca me había peinado y que nunca me había hecho la leche era muy enternecedora; la de muerta en Cenizas del Paraíso; la de Cómplices, donde me violan, era fuerte pero muy graciosa; y la primera que filmamos para Nueve Reinas, una escena que el director, superperfeccionista, filmó 17 veces, y yo no aguantaba más porque como me tenía que poner un trajecito superajustado, el día anterior había comido un montón de frutas para ir al baño, y bueno, el efecto se desató en medio del rodaje… ¡Pero me la aguanté como una profesional! Esas pondría. Y lo editaría con música flamenca, que me encanta.

-¿Qué celuloide tirarías a la hoguera?
-…Quemar, ninguno. Yo creo que cuando aprendés de los errores, dejan de ser errores. En enero hice una película que se llama Lo mejor de mi vida. Se estrenó la semana pasada: un fracaso absoluto. Pero esos tres meses sola en España me sirvieron para hacer una buena experiencia personal: me hice de muchos amigos y viajé un montón. También me encontré con Antonio Hernández, que supuestamente me quería proponer hacer una película con Leonardo Sbaraglia… ¿Qué raro yo pareja de Leo, no? Y bueno, fue muy cómico, porque nos encontramos en un café y empezó a contarme la historia de sus novias, de sus amantes, que andaba con tres pero que amaba sólo a una… ¡Un genio! Me alucinó tanto que nunca hablamos de trabajo, pero le dije que sí.

-A nivel proyectos, ¿qué otros hay?
-Para 2002 haré otra película con Patagonik. Y sueño con filmar mi propio cortometraje, dirigirlo. Me gusta mucho, casi más que la actuación, el estar del otro lado de la cámara.

LETICIA, CHICA REBELDE. Dice que el objeto que mejor la identifica es un pañuelo árabe. En su casa, sola o con su hermana, se para frente al espejo y ensaya la danza del vientre. “Tomo clases, es un baile buenísimo, muy completo. Yo se lo recomiendo a todas las mujeres: enseña a mover todo el cuerpo, no sólo la cadera, a tener concentración, a conocer la sensualidad del cuerpo. Otra de las cosas que adoro hacer cuando tengo tiempo libre es pintar cuadros, y me lo tomo muy en serio: estoy estudiando historia del arte“.

-¿Qué etapas quemaste?
-Digamos que en la vida nunca fui muy inocente ni confiada. Hay una frase de un tema de Fito Páez, que dice: “Esa nena no es un ángel“. Y esa fui yo.

-Tenés fama de chica rebelde, ¿mito o realidad?
-Me da pudor hablar de mí, me resulta difícil decirte cómo soy porque todo el tiempo puedo hacer algo totalmente distinto. Algo que ni yo, por mis prejuicios, me hubiera imaginado. Fui rebelde, sí. Nunca podría haber ido a un colegio de monjas, por ejemplo. Ahora, hoy, en este momento, lo que más me rebela es rebelarme contra mí misma. Cuando siento que no estoy haciendo lo que yo quiero, lo que yo pienso, me enojo mucho. Igualmente, soy mucho más zafada de lo que se imaginan.

por Mariana Montini
fotos: Andy Cherniavsky
producción: Sofía Delger
maquilló: Betina Frumboli con productos Lancôme. Peinó Sergio Lamensa con productos Alfa Pars.
(Agradecemos a Jazmín Chebar y Lonté) No tiene altura ni medidas de top model. Sin embargo, la mayoría de los hombres (también las mujeres) coinciden: es sexy por donde se la mire.

No tiene altura ni medidas de top model. Sin embargo, la mayoría de los hombres (también las mujeres) coinciden: es sexy por donde se la mire.

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