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Romina Yan: 10 frases y 10 fotos para recordarla

En el día en que la actriz hubiera cumplido 45 años, GENTE le rinde este homenaje.

Por una inconsciente cuestión de culpa o de vergüenza nunca me la creí. Tal vez para que la gente no pensara que era una antipática o una agrandada por ser la “hija de” siempre tuve mucho respeto por todos los que trabajaban conmigo

Admiro a mis dos padres. A mamá porque creo que es talentosa, creativa y una genia. Ella es el corazón y el cerebro de Chiquititas, y se ha quedado hasta cuatro días sin dormir poniendo las luces en el teatro, controlando el vestuario, la escenografía y el sonido. Así de exigente es. Y a mi papá lo admiro por que es el mejor, es único. Es muy humilde, va al frente por su gente y es justo

Me acorte el apellido porque Yankelevich era muy largo. Y fueron mis padres quienes me aconsejaron recortarlo

La gente se identifica conmigo porque soy una antidiva. Si tengo que elegir entre las luces y mi casa, no lo dudo ni un instante

Hasta los 15 años quería ser abogada o cualquier cosa que no tuviera nada que ver con la tele, tal vez renegando del legado familiar. Pero un día a mamá se le ocurrió la idea de Jugate conmigo, y como mi pasión siempre fue el baile, me presenté al casting sin que nadie supiera que era yo… ¡y quedé elegida!

Como cualquier mujer, tengo días en los que me veo bien y otros en que vuelvo loco a mi marido con mis inseguridades. Por suerte Darío es un santo y para él siempre soy una diosa

Mi mamá es católica, mi papá es judío, y de chica yo nunca tuve religión. Ellos dejaron que decidiera sola, y me decidí por el catolicismo a los veintitrés años

Soy una persona sensible. Puedo tener veinte halagos, pero ante una solo crítica me desmorono

Crecí con papás famosos, sacándonos fotos todo el tiempo y saliendo en las revistas, y no quiero eso para mis hijos. Sueño con que ellos tengan una vida normal como la de cualquier chico

Con Darío nos conocimos a los 18 años y ya en ese momento él le dijo a su papá que había encontrado a la mujer con la que se iba a casar. Yo no quería saber nada. Pasaron cuatro años, y él siempre aparecía. Hoy te digo que aunque la gente diga que no existe, yo sé que encontré a mi príncipe azul

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