Actualidad

“La justicia excarcela a los violentos del fútbol con demasiada rapidez”

Otra vez la barbarie sacudió al fútbol: ya son tres muertos en lo que va del año. El secretario de Deportes y Turismo, Daniel Scioli, está decidido a lanzar una cruzada personal contra la violencia en los estadios, y anticipa una nueva legislación que castiga duramente los hechos de "odio deportivo".

-Scioli, ¿hay un rebrote de violencia en el fútbol?
-No sé si es exactamente un rebrote. Pero es cierto que estamos atravesando por una situación alarmante. El año pasado, si bien proliferaron los actos vandálicos en los estadios de fútbol, no se registraron muertos. En lo que va de 2002, en cambio, ya hubo tres homicidios. Son hechos delictivos que van más allá de la violencia en el deporte. Uno no mata a una persona porque sea simpatizante de un equipo rival, sino porque posee una personalidad criminal.

-En el caso concreto de lo ocurrido el domingo en el estadio de Racing, ¿cómo un dispositivo policial de 750 uniformados no pudo evitar los enfrentamientos armados de las dos hinchadas?
-Se tomaron todos los recaudos, desde nuestro punto de vista. Pero con bandas armadas de esas características, que se retan sorpresivamente a duelo y empiezan a los tiros ya a varias cuadras de la cancha, es difícil articular cualquier tipo de solución. Pero, repito, se tomaron todos los recaudos…

-Entonces, ¿qué falló?
-Le voy a ser franco: fallaron muchas cosas. El Comité de Seguridad en el Fútbol había resuelto que no hubiera ninguna actividad social en las instalaciones de Racing desde la hora cero del domingo. Pero esa prohibición no fue acatada; tanto es así que uno de los focos de violencia se registró justamente en el quincho del club. Allí estaba parte de la barrabrava de Racing cuando una bomba de estruendo les fue arrojada desde la pileta de Independiente, que está muy cerca. Fue el comienzo de una batahola que terminó a los tiros. Desde luego que fallaron también los controles; fíjese usted que ese estadio no cuenta con circuitos cerrados de televisión. Y no se puede trabajar así, porque es como querer garantizar la seguridad a ciegas. Pero el problema excede el marco estrictamente policial. 

-¿Cómo es eso? 
-Quiero decir que hay que tener voluntad política para frenar la violencia en el fútbol. No se trata de aumentar los efectivos del dispositivo de seguridad. Las posibles soluciones dependen de una constelación de factores. Un punto fundamental sería la aprobación de una nueva ley de seguridad en espectáculos deportivos, además de adecuar la infraestructura de los estadios con dispositivos que permitan prevenir actos de violencia. Tampoco, claro, es menos importante la actuación de la justicia, que excarcela a los violentos del fútbol con una celeridad incomprensible.

-Suenan a soluciones de largo plazo. Pero, ¿qué se va hacer el domingo que viene? 
-Soy consciente de que este problema es como una enorme bola de nieve, porque la reproducción de la violencia misma suele multiplicarse geométricamente. Repito, el cuello de botella radica en aprobar una nueva ley. Y al respecto, aquí hemos elaborado un proyecto que intenta cubrir espacios vacíos dejados por la legislación vigente, que data de 1984. Desde entonces no sólo cambió el mundo, sino también las manifestaciones violentas en los ámbitos deportivos.

-¿En que se diferencia su proyecto de la normativa actualmente vigente? 
-Concretamente, tipifica como delitos a figuras que en la ley actual son simplemente contravenciones. Por ejemplo, la portación de armas blancas se pena en la actualidad con 30 días de arresto, que por otra parte jamás se hacen efectivas. Nosotros proponemos incorporar penas de seis meses a tres años de prisión. Lo mismo sucede con el uso de pirotecnia y también con la instigación a la violencia por parte de organizadores y dirigentes. Por último, planteamos instaurar la figura de homicidio por odio deportivo, con pena de prisión perpetua. Creemos en la eficacia de esta ley, porque la violencia en el fútbol debe tener castigos ejemplares. Y una vez que entre en vigencia, seguramente los vándalos tendrán más miedo…

-¿Pero qué hacemos con el fútbol hasta que esa ley sea aprobada? 
-Tenemos que limitarnos a una labor estrictamente preventiva. Y, claro, ser meticulosos, cuidar cada detalle, porque cualquier descuido puede generar un baño de sangre. Una de las claves a implementar ya mismo es el trabajo de inteligencia previo, para detectar a quienes ingresan armados. Hay que formar un banco de datos de los violentos e incorporar el derecho de admisión a favor de las entidades deportivas. Sobre estos temas ya estoy hablando con el secretario de Seguridad, Juan José Alvarez. Así fue como los ingleses lograron controlar a los peligrosos hooligans; incluso la ofensiva gubernamental contra ellos fue tan drástica que hasta confiscaron los pasaportes de algo así como 500 hinchas violentos.

-En medio de estos acontecimientos, ¿va a seguir o no el torneo Clausura?
-Este es un punto que, lógicamente, siempre flota sobre las situaciones de violencia. No es cuestión de que el campeonato siga a toda costa ni de suspenderlo a rajatabla. Esto último no soluciona nada, ya que el día que se reanude el campeonato tal vez sigamos con los mismos picos de violencia. Esto hay que solucionarlo con una gran dosis de responsabilidad, transparencia y sentido común. Al fin y al cabo se trata de un problema estructural. Pero, hasta ahora, casi todos los interesados -entre ellos, los funcionarios que me precedieron- se han obstinado en aplicar la política del avestruz.

-¿Del avestruz?
-Exactamente. Casi todos los actores de esta problemática se han tapado los ojos. Han actuado como si este problema fuera una suma de casos aislados. Y no es así. En las últimas dos décadas ha habido 142 víctimas fatales en los estadios. Ante este problema no nos podemos rendir. Yo nunca me rendí ante ninguna adversidad. Esta guerra contra la violencia en el fútbol la tomo como una cruzada.

Scioli propone leyes más severas para evitar incidentes. Y asegura que las guerras entre hinchadas exceden el marco deportivo“.”>

Scioli propone leyes más severas para evitar incidentes. Y asegura que las guerras entre hinchadas “exceden el marco deportivo“.

Gustavo Rivera, de 22 años, había ido a ver el clásico de Avellaneda sin imaginar que terminaría acribillado por tres tiros en el tórax. Murió poco después en un quirófano del Hospital Fiorito. En esa misma tarde hubo 21 heridos y  25 detenidos.

Gustavo Rivera, de 22 años, había ido a ver el clásico de Avellaneda sin imaginar que terminaría acribillado por tres tiros en el tórax. Murió poco después en un quirófano del Hospital Fiorito. En esa misma tarde hubo 21 heridos y 25 detenidos.

RELACIONADAS

Bitnami