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“Estos chicos son puro amor y afecto”

En esta casa hay dos cosas que no están permitidas: el aburrimiento y los prejuicios

Los abrazos y besos de los chicos se multiplican a cada paso. Los de la escuelita de fútbol, los de la de paddle, de tenis, de running o de hockey, todos quieren jugar unos segundos con su ídolo que, micrófono incorporado como si se tratara de un conductor de un programa de televisión, se presta a cada requerimiento, a cada pedido de autógrafo, a tomarse una foto de recuerdo. El recorrido multideportivo durará cerca de una hora, y para el final, queda el partido de básquet: la disciplina que Emmanuel Ginóbili decidió apadrinar. Y no importa que en el Club Ciudad de Buenos Aires cada equipo tenga más de diez jugadores en la cancha. La idea es que estos 150 chicos de la Fundación Deportes para Personas con Discapacidad (dirigida por la ex campeona de paddle Cecilia Baccigalupo y por Andrea Benaim) puedan darse el gusto de compartir una cancha con quien es, sin dudas, el mejor deportista argentino de los últimos quince años. Y Manu (30 años cumplidos el 28 de julio) lanza una carcajada cuando sus primeros nueve compañeros casi no le pasan la pelota. Todos le quieren demostrar al hombre que fue campeón de la NBA tres veces en cinco años, que ellos también pueden. Y el ídolo festeja los dobles como si se tratara de los puntos del último cuarto en la final entre San Antonio Spurs y los Cleveland Cavaliers.
Minutos antes de la despedida, llega el momento del agradecimiento a tanta generosidad. Y esta vez los regalos se los dan los chicos: diploma, medalla, besos y una remera de la Fundación firmada por todos. Pero como la noche está llena de sorpresas, hay más: un clip con imágenes de todos los integrantes de la Fundación, demostrando que, con esfuerzo y dedicación, nada es imposible. Entonces Manu, el hombre que dentro de las canchas pareciera ser de acero, se quiebra. Con los ojos húmedos y la voz entrecortada, toma la palabra: “Lo que hacen los integrantes de la Fundación por estos chicos es impresionante. Les dan la posibilidad de vivir cosas distintas, momentos que, si no fuera por ellos, nunca los tendrían. Además, ver cómo lo disfrutan cuando llegan a la meta o cuando abrazan a Coria, a Nalbandian, o juegan un ‘cabeza’ con Messi, no tiene precio”, le dice a GENTE unos minutos después en uno de los vestuarios del club. Un mano a mano con un Ginóbili campeón, pero de la solidaridad.

–Manu, recién mencionabas a los otros deportistas que colaboran con la Fundación, pero cuando te abrazaban a vos, sin dudas, estaban emocionados…
–Sí, porque hay algo que uno puede palpar: estos chicos son puro amor y afecto. No tienen una gota de maldad, son transparentes. Para ellos, todo es sentimiento. Y cuando estás cerquita, sentís que te podés conectar de otra manera.

–¿Qué te motivó a apadrinar el área de básquet?
–Hace un tiempo se me acercaron Cecilia y Andrea para proponerme hacer algo, y acepté con gusto. Lo primero que hice fue en el 2006, cuando firmé el certificado donde me comprometía a jugar un campeonato de triples con el chico que ganara el derecho en una subasta que se hizo para recaudar fondos. Después me enteré de que iban a abrir una escuela de básquet y quisieron que fuera el padrino. Por supuesto, acepté con gusto, porque sé lo bien que trabajan.

–La solidaridad no es un tema ajeno a vos. Desde Bahía Blanca impulsás la Fundación Manu Ginóbili, que colabora con comedores escolares, geriátricos, hogares de huérfanos o el Patronato de la Infancia.
–Puede parecer que estoy haciendo muchas cosas, pero… ¿cómo no voy a dedicar un par de horas para darles un momento de felicitad a los chicos que nos necesitan? Y además de la labor de mi fundación, también quiero tener una relación más fluida con UNICEF y hacer eventos mucho más seguido.

–Cada vez son más los deportistas de elite que tratan de ayudar. En tu caso, ¿cómo nació la idea?
–Después de una charla que tuvimos con Marianela, mi mujer. En los Estados Unidos hay muchos deportistas que impulsan obras solidarias, y eso nos inspiró. Y aunque a veces se nos hace un poco complicado ser parte activa de nuestra fundación en el día a día, cuando estamos en la Argentina tratamos de hacer todo lo que podemos, organizar eventos o ayudar a otras fundaciones, como en este caso. Nosotros estamos aprendiendo. Llevamos apenas un año de vida y por suerte pudimos ayudar a muchísima gente en Bahía Blanca, algo que nos hace inmensamente felices. Cuando uno lee las cartas de agradecimiento y sabe que las donaciones realmente llegaron a un buen destino, las ganas de seguir se incrementan.

–A través de la Fundación Pupi, Javier Zanetti logró que en Milán y en toda Italia mucha gente se involucrara de manera activa con los chicos argentinos. ¿En San Antonio sucede lo mismo con tu fundación?
–Por suerte sí. En el caso de Pupi es distinto, porque tiene su hogar propio, algo más puntual e identificable. Nuestro objetivo es mejorar hogares ya existentes que estaban pasando carencias graves. En San Antonio están dispuestos a ayudar, y ya están organizando un evento anual para reunir fondos.

–¿Tu fundación ya tiene algún evento planeado para estos meses, antes de que te vuelvas a la NBA?
–El año pasado fue la cena en el hotel Panamericano, con los remates y el show de Diego Torres. Y este año queremos hacer una clínica o un campus, de tres o cuatro días, con los mejores jugadores del país. Será del 4 al 7 de agosto en el CENARD, y espero que sea multitudinario, para poder ayudar a mucha más gente. Esa es la meta.

Emmanuel, Cecilia Baccigalupo (el alma de la Fundación) y Nicolás (un campeón indiscutido en el tenis y en el running) posan juntos en la intimidad del vestuario.

Emmanuel, Cecilia Baccigalupo (el alma de la Fundación) y Nicolás (un campeón indiscutido en el tenis y en el running) posan juntos en la intimidad del vestuario.

En poco más de una hora, Manu jugó al paddle, al tenis, al hockey, al fútbol y, por supuesto, al básquet, disciplina que desde ahora apadrinará. Al final, toda la gente de la Fundación –los papás y los chicos– agradecidos.

En poco más de una hora, Manu jugó al paddle, al tenis, al hockey, al fútbol y, por supuesto, al básquet, disciplina que desde ahora apadrinará. Al final, toda la gente de la Fundación –los papás y los chicos– agradecidos.

Ginóbili lo abraza, y Nicolás, feliz por el cariño del ídolo. Manu luce la camiseta de la escuelita de básquet firmada por todos los chicos; Cecilia y Nico, la 20 de San Antonio, autografiada por la estrella.

Ginóbili lo abraza, y Nicolás, feliz por el cariño del ídolo. Manu luce la camiseta de la escuelita de básquet firmada por todos los chicos; Cecilia y Nico, la 20 de San Antonio, autografiada por la estrella.

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