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“En la vida amé mucho y por eso perdono toda locura cometida por amor”

A los 83 años, sin cirugías salvo un toque en los párpados (y hace mucho), incansable, optimista, de implacable memoria, de inclaudicable humor, ciudadana del mundo (vivió en Montevideo, en Londres, en Nueva York, en París, en Buenos Aires), merece vivir los 120 años a los que aspira. Veamos por qué…

Programa. Hoy, en vivo, en papel, en tinta, en blanco y negro y color (según
el caso), Concepción Zorrilla de San Martín (China, sí: ¿quién otra?), nacida en
Montevideo el 14 de marzo de 1922, hija del escultor José Luis Zorrilla y de
Guma Muñoz del Campo, y nieta de Juan Zorrilla, llamado El poeta de la Patria.
Actriz. Obras de teatro: 80. Películas: 34. Tevé: pilas… Persona y personaje
insoslayable, prima donna tanto haciendo de exquisita dama inglesa como de
matrona de barrio en chancletas y mate en mano, pasa de Shakespeare, Chejov y
García Lorca a Los Roldán con la misma altivez, fino oficio, larga astucia y
sobrada inteligencia. Hoy, en vivo, y ahora mismo, habla, mientras, lentamente,
toma sorbos de coca cola y come unas galletitas azucaradas: no las boca de dama
por las que deliraba en Gasoleros, no: otras. Luego, como todas las tardes,
sentada al piano, tocará –maravillosamente– algo de Bach, algo de Mozart.

DE LA VIDA
Le pregunto, siguiendo de a ratos el célebre cuestionario de Marcel Proust,
cuál es para ella el colmo de la desdicha, y me dice: “No sé. Nunca fui infeliz.
Pero conozco la desdicha de los demás. Ese es el colmo…”. ¿Y la felicidad, la
mayor felicidad? “El día en que no pasa algo malo, en que alguien más tiene
cama, techo y pan, el día en que nadie mata ni roba. La felicidad cotidiana,
dánosla hoy…”.

DEL AMOR
–¿Es indulgente, China? ¿Qué faltas perdona?
–En la vida amé mucho, y por eso perdono toda locura cometida por amor.
Todas las que se cometen en nombre del amor. Estar enamorado es una dimensión
que me asombra. Uno se enamora, y tiempo después se pregunta: “¿Cómo pude hacer
eso?” Y por eso perdono a los locos de amor… y a mí misma.

–¿Y sus héroes del amor, quiénes son?
–Los románticos. ¡Los tres mosqueteros! Y Gandhi, y Teresa de Calcuta. Y las
Madres de Plaza de Mayo, las únicas que en todo el mundo se atrevieron, con un
pañuelo blanco, a cantarle las cuarenta a quien cuadrara. Y por fin, el ama de
casa común, que se hace cargo de su desesperación y de la desesperación de su
familia, de su falta de futuro, y sonríe mientras hace el magro puchero, y se
muere en un hospital sin ser nadie, señalada con una letra equis.

DE LA IDENTIDAD
Me preguntás quién me hubiera gustado ser: ¡yo, y lo que soy! La China.
Y vivir lo que viví. ¿Qué me falta, mi mayor sueño? Que alguien reaccione y
diga:
‘¡Estamos viviendo muy mal!’, que alguien comprenda que lo que pasa
en el mundo no es humano ni es cristiano y que toda la sabiduría de Jesucristo
se resume en dos actos: no hacerle al prójimo lo que no queremos que nos hagan y
echar a los mercaderes del templo. Porque detrás de todo lo malo que pasa está
el signo pesos. Y ahora sí te contesto cuál sería mi mayor desdicha: ver el mal
e ignorarlo. No necesito los cien mil muertos de Hiroshima. Con un solo humano
que muera por bala o bomba me basta…

DE COSAS MENORES
Un color
: “El más aburrido: el beige. Soy una mujer de beige… que hace
teatro
”.
Una flor:El jazmín. El que huele, no el que, marchitado, agoniza sin
perfume
”.
Un pájaro:Cualquiera. Todos. Todos”.
Libros: “No soy buena lectora. Leí tanto teatro que no me quedó mucho
tiempo para más. Pero amo Cien años de soledad, de García Márquez
(todavía
no puedo creer tanta perfección), y La guerra del fin del mundo, de Vargas
Llosa. Te cuento. Conocí a Gabo en el Perú y le dije:
‘Perdone, pero quiero
besar la mano del que escribió Cien años de soledad’, y se la besé. Y él me
dijo
: ‘¿Y ahora qué hago? ¡Déme letra, por favor!’”
Un poeta:Juan Zorrilla de San Martín, mi abuelo, que en su Poema del
indio llamó Tabaré al hijo de un charrúa y una española cautiva. Tabaré, como
nuestro presidente… Mi abuelo, que un día me dijo:
‘Tú me darás el gusto que
no me dieron mis catorce hijos: tú serás actriz’”.

DE LA MEDALLA PERDIDA
A mis 25 años conocí la Inquisición española. Hice, con Margarita Xirgu
y en la Comedia Nacional, La Celestina, de Fernando de Rojas (1465-1541)… y tuve
que devolver mi medalla de Hermana de María porque la Iglesia la consideró muy
cruda. Pasaban esas cosas, sí… Y siguen pasando. Por ejemplo, en los libros de
Literatura han borrado a mi abuelo. No se enseña más, y algunos deben creer que
su Tabaré… ¡es la biografía de Tabaré Vázquez, el presidente! Pensar que conocí
a Borges en Montevideo, le dije que era nieta del poeta y ahí mismo me recitó el
poema de memoria… Y además, hablando de un joven poeta, lo definió así: ‘Para
ese muchacho, la mediocridad no tiene secretos’. ¡Qué genio del sarcasmo!
”.

DEL ODIO
–¿Qué odia? Y si no le gusta la palabra odio, ¿qué detesta?
–La injusticia social… y las escaleras. El dictador: el que cree que tiene
todos los poderes sobre el hombre. El militarismo: es difícil anteponer la
palabra admirable a un hecho militar.
–Y como contracara, ¿a qué llama admirable?
–Al país que sale de una dictadura y vuelve a la democracia, por más
imperfecta que sea esa democracia.

DE LA MUERTE
Qué tema… Quisiera vivir un poco más. Por ejemplo, 120 años. Pero no
por vivir-vivir sino por saber qué va a pasar. Me preguntás cómo me gustaría
morir, y te digo: sabiendo que me muero, y en paz. Como mi madre, que se fue a
los 95 y hasta el final fue optimista, graciosa, lúcida, buena lectora

–aunque sus ojos sólo le permitían, en los últimos tiempos, leer los titulares
de los diarios– y que en su cama, con baldaquino, como la de Lucrecia Borgia,
y tomando un té, me dijo:
‘Mirá, che, qué bien hechas están las cosas… Ahora
que es inminente mi paso al otro mundo, el miedo le ha dejado lugar a la
curiosidad’. Y al otro día se despertó, miró por la ventana, se quedó dormida
y se murió
”.

DE LA MUJER
Para algunas cosas soy muy moderna y para otras muy antigua. O clásica,
si preferís. Prefiero a los impresionistas, a los paisajes de Manet o de Renoir,
que a Picasso, aunque admiro su perfección. Simplemente, no tendría un cuadro de
él porque no podría mirarlo todos los días. Y no creo que la mujer deba
interferir en las cosas de los hombres. Ojo: criar a uno o más hijos que comen,
crecen, estudian, se enferman, y atender a un marido, y llevar adelante una
casa, es una aventura brutal, un safari. Pero todavía no nació una Wagner ni una
Shakespeare…

–¿Usted sería capaz de matar, China?
–Capaz de matar… Nunca me lo pregunté, pero sí, creo que podría, porque
nadie sabe qué resorte interior estalla cuando le matan a un hijo, por ejemplo.
Algo tan anormal, tan monstruoso, podría llenarme de odio y empujarme a matar,
sí.

DEL CARACTER
–¿Cuál es el principal rasgo de su carácter?
–El optimismo.
–¿Cuál es su peor defecto?
–No sé si es defecto… Confío demasiado en la gente. Y no quiero cambiar:
quiero seguir confiando. Como te dije una noche, a la salida de un teatro,
cuando quisiste pedirme un radiotaxi porque era más seguro: “¿Vos creés que
nunca más voy a tomar un taxi de un pobre tipo que no tiene radio? ¡Estás loco!
”.
–¿Qué la atrae primero en un hombre?
–Soy muy fisiquera: la belleza. Y me enamoré del hombre más lindo del mundo…

DE LA MEMORIA
–Imagine, China, que hoy empieza a escribir sus memorias. ¿Primer capítulo,
primera escena?
–Mi casa natal (casi un castillo, similar a la mansión de Victoria Ocampo en
las barrancas de San Isidro. Estaba en Agraciada 2704, Montevideo, tenía veinte
habitaciones, y ya no existe). Y la pregunta que ya de muy chica me hacía: “¿Qué
méritos tengo, qué hice de bueno para merecer esta casa, esta familia feliz, con
dinero, con personal doméstico, con calor, con lujo, con fiestas, con disfraces,
con tremendas y muy inteligentes discusiones políticas en la mesa? ¿Qué méritos?
”.
Y enseguida, la otra pregunta: “¿Qué pecado cometieron los que viven tan mal?”.
Lo mismo que me pregunto hoy, todos los días. Todos. Todos.

China en el living
de su departamento de la calle Montevideo (un nombre nada casual…), rodeada de 
muchos objetos queridos y flanqueada por Flor, la <i>yorkshire</i> terrier que le<br />
regaló Bernardo Neustadt. “></p>
<p class=China en el living
de su departamento de la calle Montevideo (un nombre nada casual…), rodeada de
muchos objetos queridos y flanqueada por Flor, la yorkshire terrier que le
regaló Bernardo Neustadt.

China se sienta al piano y, maravillosamente, toca piezas de Bach y de 
Beethoven. “<i>Para algunas cosas soy muy moderna, pero en materia de música y<br />
de pintura, muy clásica</i>”, dice.<br />
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<p class=China se sienta al piano y, maravillosamente, toca piezas de Bach y de
Beethoven. “Para algunas cosas soy muy moderna, pero en materia de música y
de pintura, muy clásica
”, dice.
 

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