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“El segundo show de U2 casi se suspende porque Bono se quedó sin voz”

Tras organizar los recitales de los Rolling Stones y U2, el empresario más experimentado del rock local cuenta los secretos de las dos super-bandas y responde a todo: los disturbios, sus momentos preferidos, su relación con Jagger, Richards y Bono, su sensación de liderazgo y un detalle que muy pocos conocen...

El día de la entrevista –viernes 3 por la tarde–, Bono y sus muchachos todavía estaban preparando las valijas. Daniel Grinbank aparece por sus oficinas, y lo primero que se ve es a un hombre cansado y algo disfónico. Estrés, obvio. Un día antes, con el segundo recital de U2, el empresario de rock más respetado y experimentado de nuestro medio había sumado diez jornadas vertiginosas, que incluyeron tres recitales de los Rolling Stones (uno en Río, gratuito, y los de River), más los dos que dio la banda irlandesa. O sea, una media de 16 horas diarias de trabajo, cuenta Grinbank. O sea, estrés. Y a la vez, se ve a un hombre profundamente satisfecho. Un rey que acaba de recuperar el trono, se diría. “Pero en más de una ocasión –aclara–, me llegué a preguntar: ‘¿Quién me mandó a meterme otra vez en esto…?’”

En esto de organizar recitales se inició allá por 1972, a los 17 años. Lugar: Miramar. Artista: el flamante ganador del Oscar, Gustavo Santaolalla, cuando sólo pensaba en Arco Iris. Eso a nivel local. El primero internacional, grosso grosso, sería en 1979, con el Festival Bue de Jazz Rock encabezado por Wather Report en el Luna Park. Desde entonces hasta hoy pasaron… no sabe, no recuerda, “miles”, dice.

–Con tanta experiencia, ¿cómo explica las fallas organizativas del primer día de los Stones?
–Te explico, la gran diferencia entre el primer y el segundo recital fue el trabajo que hizo la policía. El martes no supieron contener el descontrol de la gente. El jueves, en cambio, a partir de un pedido expreso del ministro del interior, tuvieron otra actitud. Y esto hay que analizarlo en el contexto de la Argentina actual, que nada tiene que ver socialmente con el clima que se respiraba hasta el 2001. Este fue el primer mega recital tras la crisis de De la Rúa, y se notó. Cuando existe un grupo grande de personas sin reglas, el accionar de la policía es clave. Pocos días después, invité a gente de la crew de U2 a ver Racing-Independiente, que también terminó con incidentes de público. ¿Sabés cuántos detenidos hubo? Ninguno. Ellos no lo podían creer. “Hooligans hay en todas partes”, me decían. “La diferencia es que allá van presos”. Eso resume todo, me parece.

–Lo llevo al terreno musical. Dígame dos, tres de esos momentos que recordará para siempre…
–Por orden cronológico, el primero fue con el recital de Río, donde participé como productor asociado. Haber organizado el concierto más masivo de la historia, con más de un millón y medio de personas, y que no haya habido ni un incidente, me reconfortó mucho. Algo así, en Buenos Aires, es impensable. Y eso que estamos hablando de un montón de gente que bajó de las favelas, no de Suecia, ¿eh?

–¿Otro?
–De los de acá, ver a todo River saltando y cantando Satisfaction bajo la lluvia, sabiendo que, ahora sí, realmente, quizás sea la última vez que los veamos en vivo, fue inolvidable. La lluvia, sin dudas, le dio un plus de emotividad importante. Y ellos pusieron tanto corazón y garra que parecían eternos adolescentes. Encima, justo antes del final, tocaron You can’t always get what you want, que es uno de mis tres temas favoritos de los Stones, ¿qué más podía pedir?

–¿Y por el lado de U2?
–La primera noche hicieron un show impresionante. Y el de la segunda, fue otro de esos momentos en que pensé: “¿Quién me mandó a meterme en esto…?”

–¿En serio pensó eso? ¿Por los disturbios?
–Primero, por los qui… de la primera noche stone. Y después, porque estuvimos a un paso de tener que suspender el segundo show de U2.

–¡No me diga! ¿Por?
–Porque después del primero, Bono casi ni podía hablar. Estaba completamente disfónico. Venía exigido por la gira, y a eso hay que sumarle que además, antes del primer show, tuvo que hacer otro, pero sin gente, para la película que están preparando, que será dirigida por James Cameron (el director de Titanic). En serio, no tenía voz. Lo tuvieron que tratar con cortisona, y recién muy sobre la hora supimos que estaba en condiciones de cantar. Y ya dentro del show, me quedo con la postal de One, uno de los temas que más me gustan, con toda esa gente acompañándolos con los celulares encendidos.

–Yendo más a la zona de backsatge, ¿de qué se habla con Jagger o con Bono? ¿Qué le decían?
–Los dos grupos están absolutamente conmovidos por el público argentino. A tal punto que los U2, si Bono no se quedaba sin voz, pensaban dar un minirecital en la terraza del Four Seasons para la gente que se paró ahí durante días.

–Ok, esto ya pasó. Hábleme del futuro: suena fuerte que va a traer a Madonna. ¿Qué hay de cierto?
–Tengo toda la intención pero, para empezar hablar, se tiene que aprobar la ley que evite que los espectáculos musicales paguen el IVA. Está el visto bueno de Presidencia, de Economía y de la Comisión de Hacienda de diputados: sólo falta que lo voten en el Congreso. Sin esa ley es imposible, no dan los números. La gente puede decir: ‘Pero, ¿cómo? Si ya trajo a los Rolling y a U2’. Y ahí hay que tener en cuenta que las dos bandas vinieron no por dinero sino por el placer de tocar acá. Por darte un ejemplo, sólo en un concierto indoors de su gira americana, los Stones ganan más por merchandising que lo que se llevaron en estos dos River.

–Y si sale lo del IVA, ¿en qué fecha vendría Madonna?
–La gira que está empezando tiene 60 fechas y termina el 21 de septiembre en Japón. Luego para por las fiestas judías, y sólo por conveniencia económica traería su show hacia el Sur. De ahí que lo del IVA es clave. Ojo, para mí y para ellos, porque yo voy siempre a porcentaje con el artista.

–¿Qué porcentaje?
–Noventa para ellos, diez para mí. Y hay que pensar que el show de Madonna implica, entre escenario y equipo técnico, tres aviones de carga. Y no es que tiene un show B: o pagás el A o no hay espectáculo. Así que, insisto, si se dan las condiciones, en octubre la podríamos ver.

–Cuestiones de IVA al margen, otro factor es que a usted le vaya bien. ¿Cómo le fue con los Stones y U2?
–Gané plata. Por una cláusula de confidencialidad con ellos no puedo hablar de cifras, pero sí, me fue bien. Pero además está la satisfacción de haber vuelto a demostrar que mi empresa, DG Entertainment, sigue siendo líder a la hora de organizar este tipo de megaproducciones.

–A propósito, su ego debe estar gordo, teniendo en cuenta que, tras unos años de retiro, ya no está solo en el negocio, sino que ahora debe competir muy fuerte con productoras como PopArt y Fénix. ¿No llegó a pensar: ‘Soy otra vez el rey del rock’?
–Más que eso, prefiero relacionarlo a cuando Muhammad Alí recuperó el título mundial contra Foreman en Africa. Quizás porque toda la vida respeté y admiré a Clay. Yo sabía que ya había regresado, pero tenía que demostrarlo.

–Una duda y terminamos, Grinbank: ya concretó doce recitales de los Stones, cinco de U2, y además Sting, Amnesty y un largo etcétera. ¿Cuál es ese show que siempre quiso traer y todavía no pudo?
–Me falta sólo un grande, Pink Floyd. Pero antes tienen que ponerse de acuerdo entre ellos para volver a salir de gira.

Grinbank, en su oficina, al otro día del último concierto de U2. En cuanto al negocio en sí, no da cifras pero admite: “<i>Gané plata</i>”.”></p>
<p class=Grinbank, en su oficina, al otro día del último concierto de U2. En cuanto al negocio en sí, no da cifras pero admite: “Gané plata”.

“<i>Para mí, el momento más emotivo de los cuatro shows fue ver a los Stones bajo la lluvia. Pensé</i>: ‘Quizás, realmente ésta sea la última vez que los veamos en vivo’””></p>
<p class=Para mí, el momento más emotivo de los cuatro shows fue ver a los Stones bajo la lluvia. Pensé: ‘Quizás, realmente ésta sea la última vez que los veamos en vivo’”

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