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Christophe Krywonis muestra los secretos mejor guardados de todo chef

El francés, uno de los jurados del reality de Telefe y Eyeworks, abre por primera vez las puertas de su hogar y acepta el reto de mostrar los secretos mejor guardados de todo chef. Aquí, su historia contada entre alacenas ordenadas, recuerdos de familia y una heladera en problemas.

Su cocina no es la de un hombre soltero común, aunque a simple vista, por lo minimalista, pareciera. Christophe Krywonis –51, divorciado, dos hijas y dos nietos– tiene pocas cosas, pero todas hablan de su profesión de chef. Aquí hay aceites, vinagres, mostazas, especias exquisitas  y variedad de plantas aromáticas; además, en las alacenas y los cajones, verdaderas reliquias que pertenecieron a su abuela, Memé Gilles, y otros utensilios que cuentan su historia familiar en Blois, una pequeña ciudad vecina a Orléans.

Uno de los Dueños de la cocina –reality con Narda Lepes y Donato De Santis, los domingos a las 22, producido por Telefe y Eyeworks Argentina– se anima al desafío de abrir su tesoro más preciado. Un viaje al mundo real de los sabores que el francés, que llegó a la Argentina en 1989, elige en la intimidad de su departamento de Belgrano.

–¿Sos dueño de tu cocina?
–Siempre. Por eso soy independiente.

–¿Nadie tuvo nunca ese poder?
–Mis jefes, por supuesto.

–Hablo de la cocina de tu casa…
–No, sólo yo. ¡Ojalá tuviera una dueña en la cocina! No hubo nadie en mi casa que me cocinara… Ah… sí… mi abuela cuando era chiquito. Pero desde que estoy mayor y vacunado ¡yo solo!

–¿Cuál es tu ingrediente indispensable?
–La pasión. Porque por más que tengas alcoholes franceses, la copita linda, el mejor cuchillo del mundo o la sartén piripipí, no sirven de nada si no tenés ganas de cocinar.

–Vemos que sos muy especiero.
–Soy fanático de los vinagres. Mis preferidos son el español –el de Jerez–, y el de vino viejo –como le decimos en Francia–, que son restos de vino que hacés en el vinagrero. También me encantan los aceites. Tengo el de trufa, que uso a la mañana en el desayuno: hoy le puse dos gotas sobre un huevo (de campo) revuelto… El de oliva… Y las especias, pero en tono suave, porque me gusta la sutilidad.

–¿Cambiaste tus hábitos alimentarios a partir del régimen que hiciste en el verano?
–Sí, totalmente. Hay menos carne, más pescado, pollo, muchas verduras y menos harinas. Dejé el edulcorante y volví al azúcar rubio sin tratar, porque me parece más sano.

–En tu heladera no hay tantas cosas. ¿Qué no puede faltar?
–No hay más ¡porque no tengo tiempo! Siempre vas a encontrar huevos, manteca, dulces, mostazas, salsa de soja, de ostra, aceite de sésamo, muchas cosas orientales y frutas. Leche y cacao natural, para preparar el desayuno a mis nietos –Bianca (7) y Felipe (casi 4)– cuando se quedan a dormir en casa.

–¿Cuáles son tus objetos preferidos?
–Mi cuchillo y mi pelapapas, que todavía uso: lo tengo desde que empecé a trabajar a los quince años en la brasserie Café Paris, de Blois. Y las cosas que me traje de Francia y eran de mi abuela: esta copa para servir oporto o vermouth; ésta que es para chocolate caliente y también para servir el grog, que es el vino caliente o una infusión con ron que se toma con leche para calmar la tos o combatir el frío. Esta botella de licor que me dio mi mamá. Mi coquetier, que se usa para poner el huevo arriba y comer con la mollete –pan tostado– con un poco de manteca, para mojar adentro del huevo. ¡No sé dónde están mis cucharas, mi tenedor de chiquito y el servilletero que vienen con el coquetier! Es el ajuar que te regalan en Francia cuando nacés y que yo tengo hace 51 años. Hay muchas cosas de Memé Gilles (se para y busca): esto que es para hacer la masa brioche, el hacha que usaba para trozar…

–Empezaste a trabajar de muy chico. ¿Cuándo fuiste dueño por primera vez?
–Bastante joven, a los 20, en el café Pacific Palisades de París. Yo era bastante emprendedor, audaz. Pensaba que podía ser buen chef. Para serlo –como para consagrarte vencedor de Dueños…– hay que ser responsable, trabajador, saber gestionar los costos, formar un buen equipo, proponer un menú que seduzca al cliente y saber venderlo. Un plato lindo lo hace cualquiera, pero el gran chef debe tener carisma para saber vender lo que hace.

1. Junto a la cuchara de
madera, arroz uruguayo
y sales patagónicas.
2. Infaltables, los fideos
italianos, especias de
medio planeta y más
tipos de sales. 3. La
heladera de Christophe
(repleta en su parte
inferior, no tanto el
freezer), decorada con
dibujos de sus nietos,
Bianca y Felipe.

1. Junto a la cuchara de
madera, arroz uruguayo
y sales patagónicas.
2. Infaltables, los fideos
italianos, especias de
medio planeta y más
tipos de sales. 3. La
heladera de Christophe
(repleta en su parte
inferior, no tanto el
freezer), decorada con
dibujos de sus nietos,
Bianca y Felipe.

4. Membrillos y tomates
al natural en enormes
frascos y aceite de oliva.
5. Mostaza francesa
junto a jalea y aceitunas
mendocinas.
6. Entre los licores, la
botella con coñac
y madera que heredó de
su mamá, Jacqueline,
las copas y el coquetier
que usaba de niño.

4. Membrillos y tomates
al natural en enormes
frascos y aceite de oliva.
5. Mostaza francesa
junto a jalea y aceitunas
mendocinas.
6. Entre los licores, la
botella con coñac
y madera que heredó de
su mamá, Jacqueline,
las copas y el coquetier
que usaba de niño.

1. De colección: el
hacha de su abuela
Gilles, su primer
cuchillo y su primer
pelapapas.
2. Sencillos: los platos
blancos y los vasos de
vidrio.

1. De colección: el
hacha de su abuela
Gilles, su primer
cuchillo y su primer
pelapapas.
2. Sencillos: los platos
blancos y los vasos de
vidrio.

En su casa
conserva las sillas
de Christophe,
el restó que puso
de moda los
bistró en Palermo
Hollywood, y
muchos objetos
de su abuela,
Memé Gilles.

En su casa
conserva las sillas
de Christophe,
el restó que puso
de moda los
bistró en Palermo
Hollywood, y
muchos objetos
de su abuela,
Memé Gilles.

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